28 oct. 2016

No fue suficiente


Sigo ensimismada en las gotas de lluvia que golpean el cristal con fuerza, aunque algunas quedan regazadas y se deslizan hacia abajo a lo largo de la ventana. Un símil a lo que es mi vida ahora mismo. Va cuesta abajo y sin frenos. No sé cuánto tiempo llevo ya en la misma posición pero me hago un ovillo protegiendo en mi regazo el cojín del sillón. No estoy tan absorta en las vistas como para no escuchar el trasiego que hay en la habitación. Aunque disimule, oigo perfectamente el cierre de los cajones de la cómoda, la apertura de la puerta corredera del armario, el roce de los diferentes tejidos de sus camisas… y el sonido de la cremallera de su maleta al cerrarse sobre la cama. Y lo que más duele: la certeza de que se va para estar con otra.

Han sido demasiados días, incluso meses intentando remar sola a contracorriente. Soy consciente de que esto marcará un antes y un después entre nosotros, y a pesar de ese vínculo que siempre nos unirá, estoy segura de que ya no volveré a mirarle a los ojos. Seré incapaz de mirar esa cara y ver que su sonrisa ya no la he provocado yo.

Se despide de mí con un simple adiós y un frío <<mi abogado se pondrá en contacto contigo>>, a lo que soy incapaz de contestar. Que ilusa era cuando pensaba que el amor podía ser limpio y puro y que si se amaba de verdad no dolería. Sin embargo, hoy estoy comprobando en mis propias carnes que el amor no es suficiente.

 Unos ojillos curiosos me miran desde el marco de la puerta, asegurándose de que estoy bien. Con paso indeciso, mi pequeño se acerca hasta mí para aliviar mi mal con uno de sus abrazos. Pero… necesitaré muchos de estos para volver a ser quien era. 


    (Imágenes: Google)


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