20 abr. 2016

Prioridades

Termina el ensayo y todos los compañeros se marchan hacia los vestuarios. Yo no, necesito desfogarme. Miro la reserva de aulas y justo ahora está libre. Cierro las puertas y escojo en el reproductor una de las piezas que hemos estado bailando antes. Subo el volumen, me coloco frente al espejo y ya no existe nada más. Me centro en la rutina, en piruetas, pliés, jetés y más piruetas, aún teniendo los pies destrozados.

Solo estamos yo, el baile y los pensamientos bullendo en mi cabeza. Una y otra vez se repite el mismo: ¿Por qué ahora? ¿Es el momento? Miles de imágenes pasan por mi mente. La primera vez que me puse un tutú, mi primera clase, mi primera coreografía, mi primer espectáculo. Pero no sólo está el ballet, no solo existen mis primeras veces. También está él y nuestras primeras veces. El primer encuentro, el primer beso, la primera vez, la primera discusión… Y todas nuestras, todas nos pertenecen. No quiero perder nada de eso, quiero muchas más, necesito ser sus últimas veces. Si no sabemos, aprenderemos juntos.

Me detengo en seco cuando esta idea penetra en mi subconsciente. Se lo que quiero y no está aquí. Paro la música, cojo mis cosas y salgo disparada por la puerta. Me apresuro por el camino y no me doy cuenta de la fina lluvia que me empapa. Pero, al atravesar un cruce, un vehículo se salta un semáforo y cuando soy consciente me encuentro ya en la calzada, con parte de mis preocupaciones, miedos y deseos diluyéndose en los charcos que se van formando en el asfalto. "¡Una ambulancia!", escucho a lo lejos. Me siento desorientada pero sí siento el suave hilo de sangre que se desliza por mis muslos. Y es ahora cuando todo lo demás deja de tener importancia, la discusión de esta mañana no tiene sentido, las prioridades son otras.

Horas después, abro los ojos y una mano aferra la mía con fuerza. Su mano. Lo único que necesito en esta vida. Me da miedo levantar la vista y enfrentarme a sus ojos, a la cruda realidad. Cuando nuestras miradas se cruzan todo se ilumina. Y su tenue sonrisa me dice que todo va bien. Si no sabemos, ya aprenderemos; si nos equivocamos, lo corregiremos juntos. Siempre juntos. Sus labios impactan sobre los míos y todo a mí alrededor deja de existir.

      Seis meses después de aquel fatídico día, tengo en mis brazos al amor de mi vida. Miro su carita regordeta y después la de su padre, que nos observa lleno de orgullo y ternura a la vez. Ahora estoy segura de que mereció la pena sacrificar muchas cosas por vivir este momento y sentirme plena. Mi carrera como bailarina no lo era todo y sé que el ballet siempre estará ahí cuando lo necesite.


                                      (Imágenes: Pinterest)

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